Who Gets a Beach Day in the Ocean State? Providence Turns to Water Parks as URI Measures Inequitable Shore Access
¿Quién Disfruta De Un Día De Playa En Rhode Island? Providence Apuesta Por Parques Acuáticos Ante Acceso Desigual A La Costa En Uri
Providence opened splash pads and pools on June 29 to help residents cool off during rising summer temperatures linked to climate change. Despite Rhode Island’s extensive coastline, access to beaches is unequal, especially for lower-income and more diverse urban communities like Providence. A University of Rhode Island study analyzed satellite water clarity data alongside cell phone tracking of beach visits from 2018 to 2019, revealing that improved water clarity increased beach attendance more among higher-income, predominantly white communities than among poorer, more diverse ones. For example, a two-foot increase in water clarity led to a 5–6% rise in visits from wealthier areas but only a 2–4% rise from disadvantaged communities. Barriers such as frequent beach closures near cities, transportation challenges, and high costs limit access for these groups. Economically, a 10% water clarity improvement added about $438,000 in value for those above the poverty line but only $71,000 for those below it. The study highlights ongoing environmental justice issues in Rhode Island’s beach access despite overall welfare gains from cleaner water.
El 29 de junio, Providence reabrió sus splash pads y piscinas públicas para ayudar a los residentes a combatir el calor veraniego, ya que la ciudad no cuenta con playas propias. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad de Rhode Island (URI) revela que, a pesar de vivir en el “Ocean State” con 400 millas de costa, el acceso y disfrute de las playas es desigual entre sus habitantes. Investigadores analizaron imágenes satelitales y datos de movilidad celular para medir las visitas a playas entre junio y septiembre de 2018 y 2019, encontrando que comunidades blancas y de mayores ingresos incrementan sus visitas en un 5-6% con mejoras en la claridad del agua, mientras que comunidades más pobres y diversas, como las de Providence, solo aumentan un 2-4%. Las barreras incluyen cierres frecuentes de playas urbanas, falta de transporte y costos elevados. La economista Sonia Refulio-Coronado, autora principal del estudio, señala que aunque la mejora en la calidad del agua beneficia a todos, el impacto positivo no es equitativo. El estudio cuantificó que un aumento del 10% en la claridad del agua genera un valor económico mayor para quienes viven por encima de la línea de pobreza, evidenciando disparidades en el acceso a espacios naturales costeros.
